Según el estudio del Índice Global del Crimen Organizado, Paraguay se ubica en el cuarto lugar de los países más afectados por el crimen organizado -de entre los 193 Estados miembros de la ONU- y es solo superado por Myanmar, Colombia y México. Este índice se basa en ocho factores que miden el nivel de amenaza, la resiliencia y la influencia de los grupos criminales en cada país.
Para Juan Martens, especialista en criminología, este resultado es una muestra de la realidad que vive Paraguay, caracterizada por la impunidad y el aprovechamiento de los factores estructurales, que lo convierten en el centro de distribución internacional de cocaína y la protección de la narcopolítica.
“Nos muestra todo aquello que pudimos haber hecho y no lo hicimos porque hay gente que se enriquece en la medida que nosotros sigamos siendo el gran centro de distribución de cocaína”, afirmó.
El escenario es desolador y no hay nada que haga suponer que esto va a mejorar, según el experto. Martens criticó la falta de reformas institucionales y legales para enfrentar el problema, así como la ausencia de control del espacio aéreo, fronterizo y fluvial.
“La hidrovía Paraguay-Paraná hoy es el gran centro, la gran vía de salida de las mercaderías ilícitas, no de organizaciones paraguayas, sino de organizaciones transnacionales tan grandes como la ‘Ndrangueta, que tal vez su presupuesto sea mayor que el de Paraguay”, señaló.
El especialista también cuestionó el rol de ciertas instituciones claves, como el Ministerio de Justicia, que no tienen propuestas para solucionar el problema y permiten el control por parte del crimen organizado de los centros penitenciarios.
“Debieran ser centros de tratamiento y no centros de articulación de la criminalidad organizada”, dijo.